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BiografíaEditar

Hugo Araya: Matar por Matar

por Fulvio Hurtado(*)

Araya salvaje hugo

Hugo Araya, Salvaje

Lugar y fecha de nacimiento Temuco, 9 de octubre de 1955.

Cineasta, Especialidad Camarógrafo, iluminador, escultor.


Actividades

Camarógrafo de Canal 9 y del Canal (en formación) de la Universidad Técnica del Estado. Reportero gráfico de Presencia, revista de la UTE. Hizo dos películas (”Es para hoy” y “Silencio para Percepción y Consciencia”). Expuso sus obras de pintura, escultura y fotografía.

“El hombre contemporáneo se halla entre dos mundos: uno muerto y otro incapaz de nacer”.Arnold Matthew

Los acontecimientos de septiembre cambiaron el rostro de Chile hasta hacerlo irreconocible. En un pasillo de la Universidad Técnica del Estado, al caer la noche del 11, murió baleado y desangrado Hugo Araya, camarógrafo del departamento de Cine de la UTE y reportero gráfico de la revista Presencia.

El recinto académico fue elegido ciudadela enemiga por las fuerzas insurrectas de aire, mar y tierra. Luego de largas horas de cerco e intimidación con disparos de artillería, ametralladoras pesadas y fusilería, comenzó el asalto y toma del recinto universitario. Centenares de alumnos, docentes, funcionarios y profesionales desarmados fueron desalojados en calidad de prisioneros de guerra.

En su última mañana, el 11 de septiembre, Hugo Araya pensó que ese día no sería parecido a los otros. La última reunión de su célula, en la que militaba el senador Volodia Teitelboim, resultó esclarecedora.

Su esposa, Rose Marie, salió temprano a comprar provisiones. Siguiendo la rutina, Hugo ordenó su equipo profesional bebiendo sorbos de té, creyendo que la vida seguía igual, hasta que escuchó al locutor de la radio: “Inusitado resguardo policial en las inmediaciones del palacio de gobierno. ..con tanquetas de carabineros …los edificios ministeriales, las empresas estratégicas, puentes y accesos a la ciudad son custodiados por efectivos militares…

Con su cámara en ristre y su bolso a la espalda, no tuvo tiempo para grabar su entorno. La despedida de sus hijos fue sólo una mirada para constatar que dormían. Zafrita y Huguito, con su cabeza sumida bajo el almohadón no sintieron cuando la puerta se cerró.

Comentarios escuchados al paso y fragmentos de informaciones de radios portátiles llevaron al camarógrafo a formarse una idea de lo que estaba ocurriendo. Sorteando oleadas de patrullas, logró llegar a la Universidad Técnica.

Para la comunidad universitaria sería un día especial. A las 12:00, el presidente Allende inauguraría la exposición Por la Vida Siempre. Habría discursos y números artísticos, para concluir con la palabra del primer mandatario. Víctor Jara, que trabajaba en el área de Extensión, llegó temprano con su guitarra y la espera se transformó en angustia. Los comandantes en jefe de las fuerzas armadas y Carabineros se habían alzado. Los oídos permanecían pegados a los receptores que difundían comunicados oficiales. Antes de las 10:00 estaba claro que no habría exposición, discursos ni canciones

La espera

Sergio Gutiérrez, reportero de la radio UTE, evoca esa jomada en su obra «Todos Morirán»: “¿Qué podemos hacer?… Se respondió que recibiríamos instrucciones. Las instrucciones nunca llegaron y más de un millar de estudiantes, profesores y funcionarios fuimos sorprendidos por el toque de queda.

“Cerca de las 18:00 horas, oficiales de Ejército hablaron con el rector Enrique Kirberg y con el presidente de la Federación de Estudian tes de la UTE, Osiel Núñez. Dijeron que podíamos permanecer en el recinto hasta el día siguiente, para retornar a nuestros hogares a partir de las 8:00 horas…»

Herida mortal

“Gonzalo Rovira, quien permaneció Junto al rector Kirberg, llevó esa noche la noticia del asesinato de Hugo Araya. Dijo que el camarógrafo transitaba por un pasillo cuando fue herido mortalmente por un proyectil de guerra que le atravesó el abdomen.

” Vi a Araya pocas horas antes. Me costó reconocerlo porque tenía afeitada la barba y cortada la melena. Rovira dijo que el rector pidió ayuda a la Asistencia Pública. Respondieron que nada podían hacer, pues también los uniformados disparaban contra las ambulancias que circulaban durante el toque de queda.

Despuntaba las 6 de la mañana cuando los sitiadores iniciaron el asalto. Al fuego nutrido de fusilería siguió una descarga de artillería. El primer proyectil remeció el edificio. “La tierra pareció abrirse a nuestros pies –dice el cronista– y la mole de hormigón armado se partió en dos, dejando ver la naciente claridad del 12 de septiembre”.

“Un segundo impacto de artillería causó más daño en la mole de cemento. El polvo impedía ver más allá de tres metros. Estábamos en un infierno de balas, entre paredes semidestruidas, apretados unos a otros, como un piño de o vejas a la espera de ser beneficiado».

“Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber”. George Bernard Shaw No sólo la Universidad Técnica se estremecía. Chile entero se estremecía. El Palacio de La Moneda destruido e incendiado por una veintena de rocket lanzados desde el aire, sus techos y muros interiores derrumbados, muebles históricos y obras de arte calcinados… Comenzaba la “era de Chile “: antes de y después de…

Un millar de sitiados de la UTE vivía momentos indescriptibles. Después comenzaría otra historia; la de los campos de concentración, con homicidios al paredón y fusilamientos reales y simulados.

El fuego de ametralladoras se intensificaba, destruyendo vidrios, desastillando muebles y perforando muros. El aire era una mezcla tórrida de sulfures y polvos de todos los orígenes, que al respirarlos producían una sensación de angustia tal, que el estar vivo todavía no era precisamente una bendición.

El profesional

Helvio Soto, director de la crepuscular televisión universitaria, relata la llegada de Hugo:

“Araya apareció de repente, desde el fondo de las calles, o debajo de un escritorio, en las oficinas del Canal 9 de Televisión de la Universidad de Chile. Nadie supo muy bien nunca cómo llegó a la televisión universitaria naciente. Dibujaba, pintaba y solía escribir. Pero terminó encaramándose en la “parrilla de iluminación” del único y modesto estudio que poseía el Canal en las casi abandonadas instalaciones de Chile Films, Avenida Colón Arriba.

“Su destreza para desplazarse por los techos del estudio, a diez metros de altura, su habilidad para enganchar y desenganchar reflectores, tal vez le hicieron ganar el apelativo de "el Salvaje Araya". Pronto todo el mundo le demostró su afecto, aún cuando algunos decían que su carácter más bien pertenecía al de un nombre huraño.

” El ‘Burro Bellet’, iluminador de cine de prestigio, antiguo combatiente de Francia en su guerra contra el nazismo, le convirtió en su alumno y así el inquieto «Salvaje» se hizo iluminador de talento.

” Yo mismo aproveché sus virtudes cuando los dos se ocuparon de la fotografía, de un cortometraje realizado en 1967 y que fue a parar al Festival de Moscú de 1968.

“Los dos, muertos por las mismas razones, aunque no en las mismas condiciones, forman parte del cuadro de honor del equipo fundador del Canal de Televisión de la Universidad de Chile”.

Los orígenes

Hugo Araya provenía de una familia nortina que la crisis salitrera hizo emigrar a Temuco. Su padre, Prudencio, llegó para construir tres hangares en la base aérea de Maquehue. Allí, el 9 de octubre de 1955, Elisa González dio a luz a Hugo, su tercer hijo. Después, la familia se instala en Punta Arenas. Los ojos asombrados de Hugo registran su nuevo mundo cubierto de nieve. Sus hermanos mayores lo llevaban a las compras en un trineo en que ellos hacían de ciervos. Años después contaría muy convencido ‘Yo iba a comprar pan en trineo…’

En Punta Arenas cursó hasta tercer año de humanidades, hoy primero medio. La maestría con que su padre trabajaba el fierro, lo llevó a vislumbrar en el oficio de forjador un medio de expresión artística, adelantándose en muchos años al advenimiento de la escultura en fierro. En 1951, antes de cumplir 16 y sin más medios que los necesarios para llegar a Puerto Montt, el niño artista cortó sus amarras y salió a encontrarse con su destino.

Su meta era Talca, donde vivía su hermanastro Carlos Marchant González, profesor del liceo de hombres. La etapa Puerto Montt - Talca la hizo en una bicicleta vieja que acondicionó con sus ganancias como lustrabotas. En 1955 rindió el bachillerato, con mención en matemáticas, y se traslado a Santiago. Trabajó tres años como obrero especializado en una fábrica de vigas de acero. En 1956 estudiaba arquitectura e impartía la asignatura “Materiales de Construcción» en la Escuela Nocturna para Obreros, de la U. de Chile. Abandona sus estudios abrumado por la presión económica. En 1958 trabajó como dibujante de ingeniería para estructuras de acero.

Araya volcó en la escultura su experiencia de forjador. Toros, cruces y aves mitológicas surgidas en ese período muestran su creatividad, que también aplicó al tallado en madera. En la plástica destacó por su calidad y contenido, como lo haría después con sus películas. En 1966 filmó “Es para hoy” y al año siguiente, “Silencio para Percepción y Consciencia”. A la vez, trabajaba con Helvio Soto en Producciones “Ana”, y en el programa “Emisión 0″ de TV-9.

Estudioso

Hugo Araya reconoció siempre los aportes de su Fernando Bellet, Helvio Soto, Miguel Littin, Antonio Quintana, Domingo Ulloa, Bob Borovíc, Charles Elsseser y Sergio Ortega. En 1960, asistió como alumno libre a la Escuela de Bellas Artes, financiando sus estudios con la decoración de vitrinas y la confección de maquetas.

Antes de descenderlas escaleras que conducían de la Escuela al Parque Forestal, Hugo se detenía en la terraza para observar a las estudiantes. Sus antiguos condiscípulos cuentan que, desde el parque, su silueta de negro y su rostro con espesas cejas, mirada penetrante y barbas desordenadas, se recortaban contra el cielo: “Semejaba un gavilán eligiendo a la pollita que iba a levantar; recuerdan sus compañeros. Hugo tenía buena, suerte con ellas…

Los hijos

Zafrita, ya egresada universitaria, guarda con orgullo trabajos tallados en madera o forjados en metal por Hugo. Conserva también el diploma de reconocimiento de la Escuela para Obreros de la Construcción por la labor docente de su padre. Huguito cursó cuatro años de electrónica en la Universidad Santa María, se cambió y ahora cursa cuarto año de Ingeniería en Informática.

Un óleo de Hugo Araya, que conserva Rose Marie, parece representar la explosión inicial que dio origen al universo. La escasa preparación de la tela ha producido un cuarteado increíble en la pintura, que sólo se mantiene adherida en determinados puntos, como si el mundo que Hugo Araya, precursor y maestro, enfocó desde su cámara y plasmó con su pincel, continuara sincronizado con el universo en expansión.

El mensaje

Al atardecer del once de septiembre, el soldado observó que una luz se filtraba en la galería de la antigua Escuela de Artes y Oficios. La luz se interrumpía cuando alguien transitaba por el pasillo. Apuntando con su fusil, calculó el punto preciso.

El proyectil salió impulsado por su carga de pólvora, de odio y de muerte. La bala de guerra atravesó el abdomen de Hugo Araya, comenzando su agonía, en la que el paciente reconfortaba a sus improvisadas enfermeras.

Muchos años después de…, Rose Marie, Zafrita y Hugo recibieron un mensaje virtual del camarógrafo. El portador fue el periodista Carlos Munizaga Jefe de prensa y comunicaciones de la UTE y reportero del vespertino “Ultima Hora”. El mensaje no necesita explicación ni comentario: “Muero como un hombre, consecuente con mis convicciones, luchando por lo que considero justo”. Ni una queja, ni una recriminación.

Este mensaje, que tiene toda la fuerza de un legado, está datado el día espeso de la demencia y la traición, en el que muchos aplaudieron el exterminio discrecional.

El día 11 de septiembre continúa rojo en el calendario, y no puede tener otra connotación que un homenaje al periodista Hugo Araya y a los miles que, como él, fueron inmolados, o siguen “desaparecidos”.

Fulvio Hurtado, Impresor y periodista, fundador de ACHIPEC y miembro de la Sociedad de Escritores.

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